Home El Mundo Un romance que creció a la distancia y la pandemia trajo al punto de origen

Un romance que creció a la distancia y la pandemia trajo al punto de origen

by Abi Acosta(red3)
Juliana y Eduardo se conocieron bailando salsa tiempo antes de que ella emigrara. Por motivos laborales, su noviazgo fue a distancia. Finalmente pusieron fecha para casarse y unificar residencia en Miami. Pero días después de la boda quedaron varados en diferentes países. Ella es la pergaminense Juliana Hernández, que relata su historia de amor con el venezolano residente en Argentina Eduardo Ugueto.

En Argentina, los días de Juliana Hernández, licenciada en Turismo, transcurrían intensos, soñadores, proyectando un futuro transformador. Como empleada en una compañía aérea, aprovechaba cada oportunidad para recorrer y descubrir nuevos paisajes alrededor del mundo. En sus travesías, adoraba perderse por las calles y recolectar historias para compartir con sus sobrinas, amigos y familia.
“Lo cierto es que estaba lista para vivir en el exterior”, revela. “Tenía treinta y pico y todas las ganas. Con perseverancia, ayuda de mucha gente y tenacidad pura, me embarqué en el proceso de conseguir toda la documentación necesaria para trabajar en Estados Unidos”.
Pero Juliana no contaba con un pequeño detalle: a veces, por más planes que hagamos, un simple suceso en un determinado tiempo y espacio nos puede cambiar el rumbo de nuestro destino.

Bailar con amigos

Corría el mes de agosto de 2017 y Juliana estaba ansiosa por emprender su nuevo rumbo y dejar Buenos Aires atrás. Pero, entre los trámites finales y los últimos preparativos, una inocente idea lo transformaría todo: “Una noche invité a mi amiga María José, de origen venezolano, y, hablando de sus raíces, se nos ocurrió ir a bailar con otros amigos salsa”, rememora.
Allí, en el lugar elegido, estaba Eduardo, que con su metro noventa y cinco, la impresionó con sus ágiles pasos en la pista de baile. Juliana estaba impactada. Primero lo vio moverse junto a otra amiga – algo que le recuerda siempre –, pero luego se acercó a ella, tomó sus manos e hizo danzar a su metro y medio de cadencia con una fluidez maravillosa. “¡Cantamos bingo!”, continúa con una gran sonrisa.
Esa noche, Juliana y Eduardo quedaron prendados en una sensación profunda y desconocida, que los mantuvo unidos incluso a pesar de las pruebas futuras e inesperadas.

Amor a la distancia

A Juliana solo le restaba aguardar. Los trámites estaban concluidos, pero, de pronto, la ansiedad por volar había mutado. Uno, dos, tres, cuatro y cinco meses transcurrieron, y la relación con Eduardo se afianzaba cada día más. Instalarse en el exterior, sin embargo, era un sueño de la vida al que ella no deseaba renunciar.
“Elegimos continuar con nuestro amor a la distancia; mientras pudiéramos viajar, aunque sea por tres días, iba a estar todo bien, suponíamos”, cuenta Juliana. “Fue así que, religiosamente, gracias a mi trabajo, logramos vernos cada mes y nuestro amor creció, mientras compartíamos nuestras culturas, realidades y aprendíamos sobre nosotros en nuestras diferentes facetas”.
El en Buenos Aires, ella en Miami, planificaban un futuro juntos y soñaban con formar una familia. Entonces, sin propuesta de matrimonio como en las películas y después de viajar ida y vuelta durante casi dos años, organizaron su casamiento en Buenos Aires de manera espontánea: “Armamos una fiesta, reunimos a las familias, viajaron amigos desde lejos y la música salsa, que nos había unido tiempo atrás, no faltó”.
La fecha de la boda fue el 6 de marzo del 2020. Tras la inmensa alegría llegó una nueva despedida con un “nos vemos muy pronto, amor”. Anhelaban que fuera una de las últimas, ya que pronto dejarían las distancias para vivir en un mismo hogar, a definir.

Una pandemia llamada Covid-19

Sin embargo, en otro movimiento impensado de la vida, los planes tampoco salieron como habían imaginado y el “hasta pronto” se transformó en un largo período cargado de incertidumbre. “Nos casamos una semana antes de que cerraran las fronteras y que el Covid-19 salga a escena para dejarnos, una vez más, pero indefinidamente, en diversos países. Yo me había vuelto a Estados Unidos un par de días después de la boda”.
Eduardo y Juliana estuvieron físicamente distanciados 162 días eternos.
Entonces, un nuevo evento inesperado decidió su camino: A Juliana la pandemia Covid-19 la alcanzó en lo laboral y se quedó sin trabajo. El sueño de vivir en el exterior fue cumplido, pero había llegado a su fin. Le tocó regresar a la Argentina, a una ciudad que tanto había querido dejar, pero en donde conoció al amor de su vida.
“Ahora estoy en Buenos Aires, feliz junto a mi amor. A veces pienso que fue una paradoja del destino”.

Fuente: La Opinión Pergamino

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